Economía
La inflación fue de 2,9% mensual en enero, la variación más alta desde marzo de 2025 y el quinto mes consecutivo de aceleración (octavo si se considera el piso de 1,5% registrado en mayo). En términos interanuales, se ubicó en 32,4%, también mostrando una aceleración leve desde el piso de 31,3% en octubre de 2025. De todos modos, esto no implica necesariamente que el proceso de desinflación haya quedado atrás. Más bien, refleja la inercia propia de la dinámica inflacionaria, junto con la mayor incidencia de componentes estacionales y regulados que, tras haber contribuido transitoriamente a moderar el índice a mediados de 2025, hoy están ejerciendo presión alcista sobre el nivel general.
En enero, los mayores aumentos se dieron en Alimentos y bebidas no alcohólicas (4,7%) y en Restaurantes y hoteles (4,1%). Debido a su elevada ponderación, el primero explicó casi la mitad (46%) del incremento del índice general. El IPC Núcleo avanzó 2,6% y desaceleró 0,4 p.p. respecto de diciembre, aunque el promedio móvil de tres meses ya se sitúa en 2,8%. Será clave monitorear su dinámica una vez que Carnes y derivados —incluido en este indicador y que suele mostrar ajustes importantes en esta época— modere sus subas (7,7% en diciembre y 4,5% en enero). En simultaneo, los precios estacionales treparon 5,7%, mientras que los regulados aumentaron 2,4%.
Durante las primeras dos semanas de febrero, el IPC Invecq —que había marcado 2,8% en enero— mostró una leve desaceleración y actualmente corre a una velocidad mensual de 2,7%. Proyectamos que continúe moderándose y cierre el mes en torno al 2,5%.
Como se señaló anteriormente, los procesos de desinflación no son lineales. Aunque desde fines de 2025 la suba de precios parece haberse ubicado en un escalón algo más elevado, la trayectoria sigue fuertemente condicionada por la dinámica de los estacionales y regulados (ver gráfico), algo que probablemente se repita en lo inmediato. En particular, los servicios enfrentarán una nueva ronda de ajustes tarifarios, ya iniciada en febrero. Como contrapeso, la pax cambiaria —que estimamos podría sostenerse al menos por algunos meses— y una actividad que permanece estancada, sin un motor claro de recuperación en el corto plazo (con salarios reales en retroceso, menor ingreso disponible y niveles de mora elevados en los hogares, con señales de aumento también en empresas), tenderían a contener las presiones inflacionarias.
En conjunto, prevemos que estos factores —una economía todavía fría, con una expansión anual proyectada de 2%-2,5% en 2026, y una política monetaria que no se relajaría tanto— terminarán predominando. Bajo este marco, la inflación retomaría gradualmente su sendero descendente, aunque de forma no lineal: podría promediar 2,2% en el 1° semestre para caer a un promedio en torno al 1,5% mensual recién en el 2° y cerrar el año en la zona de 25%.
Finanzas y mercados
En la última licitación, el Tesoro mantuvo nuevamente absorción de pesos con un rollover superior al 120%, sin convalidar mayores tasas que en el mercado secundario, mientras el tipo de cambio continuó apreciándose. Hacia adelante, el margen para el carry se mantiene, pero será clave acelerar la acumulación de reservas y evitar una apreciación excesiva del peso.
En la primera licitación de febrero, el rollover alcanzó el 123,4%, en línea con el resultado de la licitación anterior y consistente con el objetivo de continuar retirando pesos del mercado. En términos de tasas, la señal fue positiva: la tasa promedio ponderada de las Lecaps se ubicó en 39,3% TNA, aún en niveles elevados, pero levemente por debajo de las dos licitaciones previas, donde se había observado una suba. Más del 50% de lo adjudicado se concentró en la Lecap S17A6, el instrumento más corto, con una tasa mensual de 2,81% frente a 2,86% que cotizaba en el mercado secundario, lo que muestra que el Tesoro logró renovar sin pagar un premio significativo. Este comportamiento se replicó en el resto de los instrumentos, reforzando la idea de que la demanda por colocaciones en pesos continúa firme.
En el frente cambiario, el tipo de cambio mayorista volvió a mostrar una caída relevante en la semana, alcanzando mínimos en torno a $1.394, niveles no observados desde noviembre del año pasado. La presión bajista continúa explicándose por una fuerte oferta de divisas, principalmente asociada a la liquidación de obligaciones negociables emitidas tras las elecciones se emitieron USD 10.200 M de deuda tanto corporativa como sub-soberana., con operaciones que aún se encuentran dentro del plazo de ingreso. Además, en lo que va del año, la apreciación del peso se da en un marco regional de fortalecimiento de las monedas: el real brasileño se apreció 5% respecto a fines de 2025, el peso chileno 4,8%, el peso argentino 4,5% y el mexicano 4,4%, todos con movimientos relativamente alineados.
El Gobierno viene sosteniendo en las últimas semanas la misma estrategia: el BCRA compra divisas en el MULC, lo que implica una expansión de pesos que luego son absorbidos a través de las licitaciones de deuda en moneda local. En lo que va de 2026, el BCRA acumula compras en el MULC por USD 2.090 M. No obstante, parte de ese esfuerzo se ve compensado por ventas al propio Tesoro, que totalizan alrededor de USD 1.250 M en el año, destinadas principalmente al pago de intereses de deuda -por lo que la acumulación de dólares es por un monto menor-.
Durante enero, las compras de divisas del BCRA en el MULC alcanzaron USD 1.158 M, por debajo de los USD 1.655 M registrados en el mismo mes del año anterior, mientras que en lo que va de febrero las compras son por USD 932 M y en el mismo mes del 2025 ese valor fue de USD 1.990 M. Hacia los próximos meses, la oferta de divisas podría mantenerse, impulsada por la continuidad de colocaciones de deuda en moneda extranjera y el inicio progresivo de la liquidación del sector agroexportador.
El escenario actual combina una demanda por instrumentos en pesos que continúa firme, una elevada oferta de divisas y un contexto internacional favorable para las monedas de la región, factores que sostienen el atractivo del carry y la apreciación del tipo de cambio en el corto plazo. Sin embargo, considerando que el segundo semestre suele presentar una menor oferta de dólares, resulta clave aprovechar el flujo actual para fortalecer y acelerar aún más la acumulación de reservas. De esta manera, se podría evitar una apreciación excesiva del tipo de cambio y reducir los riesgos de mayor volatilidad cambiaria hacia la segunda mitad del año.

