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La cuenta financiera compensa el rojo de la cuenta corriente

Economía

El balance cambiario de enero mostró una dinámica similar a la observada durante casi todo 2025: déficit de Cuenta Corriente (CC) compensado por ingresos de capital privado. El superávit de la Cuenta Financiera (CF) fue suficiente para que las reservas del BCRA se incrementaran en US$2.240 M por factores transaccionales. La estrategia oficial apunta a que este esquema se sostenga durante el resto de 2026. Hacia adelante, la principal incógnita es si el financiamiento vía CF —junto con un eventual superávit de CC— alcanzará para cubrir el atesoramiento de los individuos y, al mismo tiempo, permitir una acumulación de reservas del BCRA, en un contexto que luce más exigente en 2027 tanto por el calendario electoral como por el perfil de vencimientos.

La CC registró un saldo negativo de US$ 919 M, casi la mitad del evidenciado en enero de 2025 (US$ -1.656 M). La principal diferencia estuvo en el resultado comercial de bienes, que alcanzó US$ 2.014 M frente a US$ 425 M el año anterior. La mejora obedece al desempeño de las importaciones, que totalizaron US$ 4.800 M, el segundo nivel más bajo desde la normalización del acceso al mercado de cambios para su cancelación a mediados de 2024. Entre los factores detrás de este comportamiento probablemente se encuentre una actividad que, pese al repunte de diciembre por elementos puntuales, continúa débil, junto con el fuerte incremento de las compras externas en el último año —que crecieron 30% en cantidades—.

En tanto, las exportaciones de bienes sumaron US$ 6.814 M (+3% i.a.), impulsadas por el sector agroindustrial —el 32% del total correspondió a “Oleaginosos y Cerealeros”—, mientras que el saldo de servicios fue de US$ -946 M, lo que implica una mejora interanual cercana al 20%. Esta dinámica se explica principalmente por un ITCRM 17% superior en enero 2026 respecto de igual mes de 2025 (y 24% si se considera el bilateral con Brasil).

Por su parte, la CF exhibió un resultado positivo de US$ 3.147 M, en donde fue clave i) el REPO por US$ 3.000 M concretado por el BCRA, ii) la reducción (venta) de US$ 1.742 M en la tenencia de divisas del Sector Financiero, y iii) el rubro “Préstamos financieros, títulos de deuda y líneas de crédito”, que alcanzó US$ 2.030 M, el tercer registro más elevado desde la asunción de Javier Milei.

El ingreso de capitales mencionado fue parcialmente compensado por la línea “Compraventa de billetes y divisas sin fines específicos del sector privado no financiero”, que aumentó por segundo mes consecutivo hasta US$ -2.730 M. Dentro de este segmento, “Personas Humanas” registró un déficit aún mayor, de US$ -3.103 M. Cabe realizar una aclaración: si bien se trató del mayor saldo negativo para un enero en toda la serie (27% por encima del pico previo de 2018, precrisis de balanza de pagos), una porción relevante responde a la adquisición de dólares para el pago de consumos con tarjeta (cuando se abonan en pesos continúa vigente el recargo del 30%), así como a transferencias de fondos desde depósitos locales hacia el exterior. Es decir, en el pasado esta línea reflejaba exclusivamente atesoramiento; actualmente, solo una parte corresponde a esa motivación. A partir de la información provista por el BCRA, puede estimarse un proxy de demanda genuina con fines de ahorro, que habría rondado los US$ 1.800 M en enero, un valor similar al de diciembre y 70% inferior al pico preelectoral de septiembre.

De cara al futuro, como se señaló en informes previos, la principal incógnita continúa siendo la demanda de pesos de los individuos y, su contracara, el atesoramiento en dólares. Aunque el nivel de compras disminuyó respecto de los máximos del año pasado, los US$ 1.800 M estimados para los últimos dos meses no constituyen un monto menor, especialmente considerando que se dieron en un contexto de “veranito cambiario”.

Por otro lado, si bien es probable que la CC cambiaria pase a terreno positivo en lo que queda del primer semestre, impulsada por un abultado superávit de bienes y un déficit de servicios más acotado que en 2025 (ambos aspectos vinculados con nuestra proyección de crecimiento del PBI, inferior al consenso de mercado, y con un ajuste real del tipo de cambio oficial), la incógnita sigue estando en la capacidad de la cuenta financiera para cubrir las necesidades crecientes y permitir la acumulación de reservas. Bajo el supuesto de financiamiento neto positivo de organismos internacionales y continuidad del flujo de privados (préstamos, obligaciones negociables), la cuestión central es qué proporción de ese excedente será destinada al ahorro por parte de los individuos, y cuánto podrá canalizarse hacia la acumulación de reservas del BCRA, en un contexto que luce considerablemente más desafiante hacia 2027, tanto por el perfil de vencimientos como por la incertidumbre asociada al calendario electoral.

Finanzas y mercados

Luego de un febrero negativo en los mercados, marzo intensificó la volatilidad financiera en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas. En la región, las monedas emergentes se depreciaron, aunque el peso argentino mostró un mejor desempeño relativo al ser de las que menos cayó. Sin embargo, los activos locales continúan débiles, con un castigo en el frente bursátil y un riesgo país que sigue lateralizando.

La tensión geopolítica impactó principalmente en el mercado energético, donde el petróleo Brent acumula una suba cercana al 28% en la semana y culminó la semana en USD 93 el barril, impulsado por las tensiones en el estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por donde circula cerca del 25–30% del comercio mundial de petróleo. Para Argentina, este escenario presenta efectos mixtos. Por un lado, mayores precios del crudo mejoran la balanza energética, en un contexto de creciente producción local. Sin embargo, un petróleo persistentemente alto también puede trasladarse a mayores presiones inflacionarias tanto a nivel global como local. Por otro lado, a diferencia de otros episodios de tensión geopolítica, los metales preciosos no lideraron las subas en la semana. El oro, tras el fuerte rally de los últimos meses (+73% i.a.), mostró cierta corrección y se ubica actualmente en torno a USD 5.170 por onza, con una variación semanal negativa de 1,9%.

En el frente cambiario, las monedas emergentes que venían apreciándose a comienzos de año registraron correcciones en las últimas ruedas. El real brasileño y el peso chileno se depreciaron cerca de 1,8%, el peso colombiano 1,7% y el peso argentino 0,7%. A pesar de este contexto, el BCRA continuó comprando divisas, aunque a un menor ritmo: esta semana adquirió cerca de USD 291 M y en lo que va del año acumula compras por USD 3.006 M.

En el frente bursátil internacional, los principales índices registraron caídas moderadas, aunque el mercado continúa priceando un conflicto geopolítico de corta duración. El S&P 500 y el Nasdaq, que ya venían corrigiendo durante febrero, retrocedieron en torno a 1,3% en la semana. A nivel local, el Merval varió 0,2% en la semana y acumula una caída de 11% en lo que va del año, mientras que en la región algunos mercados muestran un mejor desempeño: el Bovespa de Brasil se ubica 12% por encima en el mismo período.

Por su parte, los bonos soberanos reflejaron una mayor aversión al riesgo. El riesgo país llegó a operar cerca de 600 p.b., aunque cerró la semana en 575 p.b. Desde finales de enero cuando el riesgo país argentino se encontraba en 481 p.b hasta la actualidad, el mismo subió 64 puntos, mientras que el embi latino lo hizo solamente en 6 puntos. Así, el riesgo país continúa lateralizando sin perforar los 500 p.b., en un contexto con pocos drivers de corto plazo para una compresión adicional, especialmente si la tensión global persiste.

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