Invecq Consulting

En apenas 15 días los argentinos van a volver a acudir a las urnas en una nueva instancia de elecciones legislativas. A través de este proceso se renovará la mitad de los integrantes de la Cámara de Diputados y un tercio de la Cámara de Senadores. La definición final se dará en noviembre, pero las elecciones PASO servirán para dos cosas. En primer lugar, para ordenar las listas en los espacios y distritos en que hay internas, es decir, competencias dentro de un mismo espacio o coalición. En segundo lugar, y más importante aún, las PASO son la mejor encuesta electoral que pueda existir, es decir, que sirven para que las fuerzas políticas se midan entre ellas y sepan con precisión dónde están paradas en términos de preferencias sociales.

Más allá de los cambios que se puedan llegar a producir en la composición del Congreso, Hoy no parece que pueda haber un reequilibrio de fuerzas al interior del Parlamento significativo. Esto es así porque la oposición va a estar poniendo en juego una muy buena elección que fue la del 2017 y el oficialismo, que podría pensarse que renueva una elección relativamente floja, debe ser considerado ahora en conjunto con el massismo que en el 2017 fue por su parte. Es decir que analizado así la elección que se renueva fue bastante pareja entre la coalición oficialista y la opositora.

Sin embargo, este hecho no significa que la elección carezca de sentido. Al contrario, es muy relevante desde el punto de vista de la señal política que representa. El gobierno de Alberto Fernández enfrentará una especie de plebiscito de sus casi dos años de gobierno y, como todo oficialismo, necesita ganar la elección para ratificar el rumbo y para mantener unida a una coalición algo inestable como es la del Frente de Todos. Un mal resultado electoral pondría mayor presión sobre la figura presidencial no tanto desde afuera como desde adentro de la propia coalición y algunos socios que han limado su autoridad en el último tiempo podrían envalentonarse para profundizar ese camino.

¿Podemos tantear al menos parcialmente cómo pueden resultar estas elecciones para el oficialismo? Las encuestas de intención de voto han sufrido una desacreditación importante luego de los grandes márgenes de error que se comprobaron con el resultado de las PASO 2019. Algunos indicadores alternativos, sin embargo, parecen ajustarse bastante bien si los analizamos en los últimos episodios electorales.

En el gráfico se dibuja la trayectoria de un indicador, expresado en base 100, que resulta de combinar los índices de confianza del consumidor y de confianza en el gobierno que elabora mensualmente la Universidad Di Tella. Al contrastar la dinámica de este indicador con el resultado obtenido por el oficialismo en cada momento, se identifica una correlación bastante estrecha. Pareciera que este índice tendría la capacidad de captar con bastante precisión el humor social hacia el gobierno de turno, y eso se expresaría en un porcentaje de votos que cuando aparece en verde significa que el oficialismo ganó y cuando aparece en rojo significa que el oficialismo fue derrotado.

Es cierto que este es un análisis incompleto ya que nos estaríamos focalizando exclusivamente en la “demanda electoral”, es decir, en las preferencias de los votantes, dejando de lado un elemento central que es cómo se ordenan las opciones, cuántos candidatos se presentan, cómo se organizan las alianzas, es decir, los determinantes de la “oferta electoral”. También es cierto que la lógica de las elecciones legislativas y las ejecutivas no son iguales.

Haciendo todas esas salvedades, de todas maneras, pareciera que estos datos aportan alguna información valiosa. Concentrándonos exclusivamente en las elecciones legislativas (períodos sombreados en celeste) vemos que las dos elecciones en las que el oficialismo ganó (2005 y 2017) el índice estaba en torno a 80-85 puntos. Por su parte, en las dos legislativas perdidas por el oficialismo (2009 y 2013) el índice estaba entre 60 y 70. Los últimos datos disponibles ubican a este índice algo debajo de los 65 puntos, asimilándose a los valores más bajos que registra la serie (en el 2009, a inicios de 2014 y a fines de 2018). Esto significa que, si la correlación entre los índices de confianza y los resultados electorales se mantuvieran, el oficialismo estaría a punto de enfrentar una derrota electoral importante. En términos de porcentajes de votos, a nivel nacional, sería difícil que el Frente de Todos pueda superar el 35%.

De darse este resultado, el Frente de Todos estaría replicando los votos obtenidos en las legislativas del 2017 entre lo que en aquel momento era Unidad Ciudadana (Kirchnerismo Cristinista) y el PJ (Gobernadores). Pero una lectura más dura podría hacerse comparando este resultado con el 48% obtenido por la fuerza en 2019. En este caso, el gobierno estaría perdiendo el apoyo de más de 10% del electorado, lo que sería sin dudas un shock político de magnitud. De todas maneras, la verdad se sabrá en las últimas horas del domingo 12 de septiembre.

Qué fue lo que pasó en estos dos años para que el apoyo al oficialismo decayera de esta manera es bien sabido. La pandemia impactó en todo el mundo, pero lo hizo con más fuerza en nuestra economía como consecuencia del proceso estanflacionario que arrastramos desde 2011, la mala administración de la cuarentena durante todo el 2020 que casi que prohibió trabajar a amplios sectores de la economía y la ausencia de políticas económicas de apoyo suficientes para soportar ese nivel de restricciones. A todo eso, además, se sumaron decisiones equivocadas que no hicieron otra cosa que confirmar los temores que el mercado expresó sobre un regreso del Kirchnerismo en las PASO 2019: desequilibrios macroeconómicos, intervencionismo, aumento de impuestos, regulaciones, etc.

En este sentido, el probable resultado que el gobierno obtendría en las urnas se explica por el deterioro económico que afectó a todos (o casi todos) los sectores en estos casi dos años. Pero, así como la economía impacta en la política, la política impacta en la economía. Entonces, ¿cómo podría afectar un resultado contrario al oficialismo en las urnas? Es probable que lo que ocurra sea un efecto inverso al de las PASO 2019, aunque claramente en menor magnitud. Si el mercado comienza a adelantar, en base a esta elección, que el gobierno tiene menor probabilidad de seguir gobernando luego del 2023, sería razonable esperar cierta estabilización de expectativas y, por ende, una menor volatilidad cambiaria y financiera. Aunque parezca contradictorio, pareciera que el oficialismo perdiendo ganaría, porque seguir gobernando luego de las elecciones en un contexto de menor incertidumbre es mejor.

Sin embargo, no es razonable creer que solo por el resultado electoral los problemas estarán solucionados. Los desequilibrios macroeconómicos y el desorden del sistema económico argentino son muy profundos, y solo dejarán de condicionar a al economía cuando se lleven a cabo las reformas necesarias para solucionarlos. En ese camino, una vez pasadas las elecciones el gobierno tendrá que sentarse a negociar finalmente con el Fondo Monetario Internacional. A partir de marzo 2022 se concentran varios vencimientos con el organismo, por lo cual no hay más margen para seguir pateando el problema. La incógnita que se abre, en este tema es ¿cómo leerá el oficialismo el resultado electoral? Si efectivamente fueran derrotados, no podría entenderse internamente el resultado como un fracaso por no haber ido más a fondo en “el modelo” y consecuentemente, ocurrir una radicalización política que dificulte más la negociación con el Fondo. Y si el oficialismo ganara, ¿no podría argumentarse que ganaron justamente por no haber acordado con el Fondo y, en consecuencia, querer seguir de mismo modo? Ninguna de las dos lecturas sería conveniente para el futuro de la economía argentina.

Share on facebook
Compartir
Share on twitter
Compartir
Share on linkedin
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *