Economía
El Poder Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de reforma integral la Carta Orgánica del Banco Central, con el fin de blindar la posibilidad de que retome el financiamiento al Tesoro Nacional por parte de la autoridad monetaria. El objetivo es fortalecer el programa de estabilización, dejándolo menos expuesto a cambios políticos futuros. El proyecto está alineado con el estándar de bancos centrales de la región y del BCE, y apunta a “preservar el valor de la moneda” como mandato único, es decir, fortalecer el peso argentino.
Se prohíbe de forma absoluta y sin excepciones el financiamiento del Banco al sector público: no se permiten los adelantos transitorios al Tesoro (llegaron a ser 2,3% del PIB en 2012; no se usaron en la actual administración), se veda la compra de títulos públicos en el mercado primario y se elimina cualquier vía de crédito directo a Nación, provincias, CABA o municipios. En la misma línea se deroga el artículo de Convertibilidad que desde 2006 habilitó el uso de reservas para pagar deuda del Tesoro (con el FMI y otros acreedores) a cambio de Letras Intransferibles —papeles sin mercado, de rendimiento casi nulo—. Esa vía de financiamiento queda cerrada hacia adelante. Su stock llegó a representar casi el 50% del activo total del BCRA a fines de 2015, descendió durante 2016-2019 pero volvió a trepar a la zona de 35% en 2020-2023, dejando al BCRA (y por ende al peso argentino) en una posición muy débil. Hoy, tras la cancelación parcial de mayo 2025 como parte del acuerdo con el FMI y en 2026 vía capitalización de utilidades, representa solo el 6% del activo. La reforma apunta a limitar que se use esta herramienta para no repetir el error de debilitar el balance del BCRA.
Además, se modifica la utilización del resultado contable del BCRA. Hoy las ganancias que surgen de la devaluación del peso sobre los activos en moneda extranjera pueden transferirse al Tesoro como si fueran utilidades genuinas, aun cuando no haya venta ni realización efectiva de esos activos. El proyecto lo limita: esas ganancias por tipo de cambio u oro dejan de ser distribuibles, se destinan a una cuenta de capital o a una reserva especial, y solo podrán transferirse al Tesoro las utilidades realmente realizadas y líquidas, con destino exclusivo a cancelar deuda pública, tal como se hizo en mayo de este año. Mientras subsistan las Letras Intransferibles y los adelantos transitorios ya otorgados, esos mismos resultados no se acumulan como capital del BCRA sino que se destinan puntualmente a cancelar ese pasivo heredado; es un mecanismo de transición, no una condonación inmediata del stock existente.
Adicionalmente, se refuerza la independencia del directorio: hoy puede removerse a sus miembros por la fórmula abierta de “mala conducta”, con solo un dictamen no vinculante del Congreso. El proyecto reemplaza eso por causales taxativas (violación de incompatibilidades, incapacidad, falta grave y manifiesta) y exige que la remoción sea aprobada por dos tercios de los presentes en ambas cámaras, además de eliminar la presencia del Ministro de Economía (en la práctica, su representante) en las sesiones del directorio, donde hoy participa con voz pero sin voto.
El cambio de mandato completa el proyecto: desde 2012 el BCRA tenía como objetivos simultáneos: la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social. El proyecto vuelve a un mandato único —preservar el valor de la moneda—. El motivo es que los otros objetivos, en la práctica, suelen terminar siendo fuente de emisión: perseguir la estabilidad financiera puede derivar en salvatajes al sistema bancario financiados con emisión monetaria, y apuntalar el empleo o desarrollo económico puede justificar bajar la tasa de interés o sostener el crédito más allá de lo que la economía puede absorber sin generar presión sobre los precios. Por eso, se vuelve al mandato que tienen los principales bancos centrales del mundo y que, en el caso argentino, con décadas de inflación recurrente, resulta aún más necesario que sea único y claro.
Finanzas y mercados
Esta semana el Tesoro logró un rollover superior al 100% en la última licitación de julio, con una fuerte demanda de instrumentos de cobertura cambiaria. Además, el BCRA cortó por primera vez desde el 5 de enero su racha compradora consecutiva en la tercera rueda de esta semana, aunque cerró julio con compras por encima de los USD 2.000 M.
Esta semana el Tesoro enfrentaba vencimientos por $8,5 bn, pero recibió ofertas por $12,3 bn, alcanzando un rollover de 144,5%, lo que le permitió captar financiamiento neto, tal como resultó en las licitaciones previas. En cuanto a la composición de la licitación, el 38,4% de lo adjudicado correspondió al nuevo bono dual, que ajusta por la mayor variación entre la tasa TAMAR y el tipo de cambio oficial, reflejando la elevada demanda por instrumentos de cobertura. En segundo lugar, el 37,5% se concentró en la única Lecap ofrecida, con vencimiento en octubre de este año. El 16,3% se adjudicó en letras dollar linked y el porcentaje restante en un bono CER/TAMAR.
La fuerte demanda por estos instrumentos confirma un cambio en las preferencias del mercado. De cara a un segundo semestre con una menor oferta estacional de divisas y de cara a un año electoral, el mercado comienza a incrementar su demanda por activos que ofrecen cobertura frente a una eventual aceleración del tipo de cambio o de las tasas de interés a cambio de estirar el perfil de vencimientos del Tesoro.
Adicionalmente, se realizó una nueva colocación del AO29, adjudicándose USD 477 M a una TIREA de 8,33%. De esta manera, el monto acumulado emitido alcanza USD 1.126 M de Valor Nominal Original (VNO), sobre un objetivo de USD 2.000 M. Otro aspecto positivo de la licitación fue el manejo del perfil de vencimientos: la vida promedio de la deuda colocada se extendió en 328 días y se postergaron aproximadamente $5,7 bn de vencimientos hacia después del período electoral. Esta estrategia, que el equipo económico viene sosteniendo en las últimas licitaciones, busca reducir la concentración de vencimientos en los meses previos a las elecciones, disminuyendo el riesgo de refinanciación en un contexto de mayor volatilidad financiera en el período pre electoral (como la observada en 2025).
Por otra parte, el Banco Central utilizó en mayor medida una estrategia de intervención en el mercado cambiario a través de títulos dollar linked. En los últimos meses el BCRA viene realizando canjes de instrumentos con el Tesoro y aumentando su tenencia de estos instrumentos para luego venderlos en el mercado secundario. Esta última operatoria se intensificó durante el pasado miércoles, jornada del fixing de la letra D31L6 que vence el viernes de esta semana. En los hechos, esta intervención equivale a ofrecer una cobertura cambiaria sintética -combinando la compra de un instrumento en pesos con la venta de futuros-, contribuyendo a moderar la presión sobre el mercado cambiario sin intervenir directamente en el mercado de futuros (regulado por el FMI). De acuerdo con estimaciones propias, el Banco Central habría intervenido por aproximadamente $5,3 bn durante junio y por $5,0 bn en julio. Solo el 28 de julio, día del fixing de esta letra, la intervención se estima en $1,17 bn.
El BCRA, además, cortó su racha de 135 ruedas consecutivas de compras justo el día del fixing de esta letra, evitando sumar presión alcista al tipo de cambio mientras intervenía vía bonos. Al día siguiente retomó las compras y cerró julio con USD 2.163 M adquiridos. En conjunto, la estrategia oficial resulta consistente: por un lado, busca extender el perfil de vencimientos y reducir las necesidades de refinanciamiento antes de las elecciones; por otro, promueve la colocación de instrumentos que permitan canalizar la demanda de cobertura cambiaria dentro del mercado en pesos.

