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Este domingo vuelve a haber elecciones en Argentina y como en todas las ocasiones, cada dos años, seguramente “el bolsillo” estará presente a la hora de la decisión de los votantes. Consiente de esto el gobierno intentó por varios medios generar un clima preelectoral de “veranito económico” desde el mes de junio. A la luz de los datos concretos, pareciera que no ha sido muy exitoso en lograrlo y una vez más el electorado se encamina a enfrentar un proceso electoral con un deterioro en su nivel de vida.

Con respecto al mercado laboral, y comparando contra las PASO de 2019, el empleo formal total se encuentra 1% por debajo de aquellos niveles mientras que tomando en cuenta solo el empleo asalariado generado por el sector privado la caída es algo mayor: -3,6%. Una vez más el empleo público ha funcionado como sostén del empleo que el privado no puede generar y de esta manera merma la caída total del empleo que se hubiera dado sin este rol estatal.

Por parte de los ingresos, y si bien en un mercado laboral tan fragmentado es difícil tener una idea global de la evolución de los ingresos totales, tomando como referencia el salario promedio de los asalariados formales del sector privado se observa que en los últimos dos años ha habido una caída del poder de compra del 5,5%. Mientras que en promedio entre los meses de mayo-julio de 2019 (la previa electoral de las PASO presidenciales de agosto 2019) el salario bruto era de unos $92.790 pesos constantes de hoy, en la actualidad ese mismo promedio no llega a los $88.000, es decir que ha habido una caída en dinero constante de 5.000 pesos.

Estos números, que de por sí son negativos, toman mayor relevancia cuando se los pone en contexto. Estas caídas tanto del empleo privado como de los ingresos reales de los trabajadores se dan luego de un período en el que ya se había dado un deterioro significativo. Y que, según la propia explicación del oficialismo, fue la causa principal de la derrota del gobierno de Cambiemos. Entre las PASO de 2017 y las de 2019 el empleo privado asalariado registrado había disminuido en unos 100.000 trabajadores como consecuencia de la crisis iniciada en abril de 2018. Simultáneamente el poder adquisitivo de los salario había bajado 12%. Sobre llovido, mojado.

Analizando la evolución del sector pasivo y de otros segmentos de la población que dependen (o complementan sus ingresos) de las transferencias estatales, se observa un fenómeno similar. El poder adquisitivo en la previa electoral de las PASO 2017 de un jubilado promedio era de $43.015 equivalentes a pesos de hoy. Bajó a $39.795 en los tres meses previos a las primarias de 2019 y en esta previa electoral se ubican en 37.132 pesos. Es decir que entre las elecciones de 2017 y las de este domingo, en promedio los jubilados perdieron 6.000 pesos constantes casi en partes iguales entre cada elección.

Más llamativo aún es el caso de los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo. En la previa electoral, y sin tener en cuenta el adelantamiento del 20% que normalmente es retenido y abandonado en diciembre de cada año y que en esta oportunidad se cobró en julio pasado, el poder adquisitivo de este beneficio alcanza los 4.633 pesos constantes y representa el valor más bajo desde la creación del beneficio en noviembre del año 2009. Es decir que el gobierno que creó la AUH en 2009 está yendo a las urnas a revalidar su cuarto mandato con el menor poder adquisitivo histórico de esta transferencia. Los 180 pesos de aquel momento de su creación equivalen hoy a unos 5.555 pesos. Es decir que, en relación al momento de su lanzamiento, los beneficiarios hoy pueden comprar 17% menos de bienes y servicios. Hace dos años, antes de las PASO 2019, el gobierno de Macri había implementado un aumento de 46% en marzo 2019 para compensar la fuerte caída que se había verificado a lo largo del 2018 como consecuencia de la aceleración inflacionaria. Con este aumento, entre los meses de mayo y julio de 2019 la AUH superaba los 6.000 pesos mensuales medido en moneda constante. Es decir que la caída actual es de un 23% entre las últimas elecciones y las de este domingo.

En resumen, tanto los niveles de empleo, de salario real y de poder adquisitivo de jubilaciones y transferencias a la infancia han sufrido entre las últimas elecciones y las de este domingo un deterioro significativo. “El bolsillo” o “la sensación de la calle” llega deprimida una vez mas a un proceso electoral. ¿Cuánto pesará este factor en el resultado del domingo?

Más allá de lo que pueda ocurrir ahora, el gobierno mantiene la apuesta y espera que entre las PASO y las elecciones definitivas de noviembre próximo el contexto general pueda mejorar algo, que el empleo pueda recuperarse un poco con el supuesto de no volver a “encuarentenar” la economía y que el relativo control de la tasa de inflación en el orden del 2,5%-3% mensual les permita a los ingresos de los trabajadores recuperar algunos puntos de poder de compra. Al mismo tiempo, no hay que descartar que además de los miles de millones de pesos que ya inyectó en los últimos meses a través de distintos mecanismos de gasto público se decidan nuevas medidas de emergencia para lograr sumar algunos votos más en noviembre.

Desde el discurso político, y consiente de que no ha podido generar el clima prelectoral que deseaba, el gobierno intenta asociar todas estas variables a la pandemia. Y, en consecuencia, la promesa es que el futuro será mejor, que lo que pasó hasta el momento no fue lo que el gobierno venía a hacer y que la gestión recién podrá ser evaluada desde ahora en adelante. Paradójicamente este discurso se asemeja bastante a la campaña de reelección de Mauricio Macri con el slogan de que el ajuste que había experimentado la macroeconomía entre 2018-2019 era la parte negativa pero inevitable que tenía que ocurrir como consecuencia del desorden heredado en las variables económicas y el cambio de condiciones internacionales, pero que lo que Cambiemos venía a hacer todavía no había comenzado. En aquella oportunidad el discurso no bastó para convencer al electorado. Esta vez ¿será diferente? ¿Podrá el oficialismo mantener el caudal electoral con el que derrotó a Macri en 2019? Si el que vuelve a votar el domingo es el bolsillo, parecería una misión imposible.

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