Economía
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LAS PRIMERAS OLAS DEL TSUNAMI COVID-19

27 de marzo

El alcance y los efectos de la pandemia COVID-19 ya comienzan a reflejarse en algunos indicadores de alta frecuencia a lo largo y a lo ancho del planeta. Las noticias no son para nada alentadoras. Lo que estamos viendo son las primeras olas de un tsunami que golpeará a la economía global con una potencia sin registro en las últimas décadas, aunque quizás con una duración no tan extendida en el tiempo.

Índices industriales, tráfico de turistas internacionales, índices de confianza de los consumidores y empresarios y unos primeros datos preliminares de actividad económica agregada; todos con caídas profundas y repentinas, sin ningún indicio de haber encontrado piso por el momento. Todo comenzó en China, pero hoy los efectos ya se pueden ver en Corea del Sur, Singapur, Alemania, Italia, Francia y los Estados Unidos. Y la explicación es solo una: el shock del COVID-19 y sus consecuencias sobre el normal funcionamiento de la economía planetaria.

La particularidad de este shock está en su naturaleza. A diferencia de otros episodios económicos del pasado en los cuales la raíz del problema se encontraba en una insuficiencia de demanda, el fenómeno COVID-19 es un shock de oferta. Es decir que la parálisis económica no se ha generado originalmente por un incremento del pesimismo de los consumidores y las empresas que han retraído su gasto, sino en el hecho de que un factor totalmente exógeno al sistema económico (un virus) ha desarticulado la forma de producir en el mundo moderno y ha paralizado el circuito económico. Claramente, como consecuencia, el impacto de oferta repercute y se retroalimenta por expectativas que se deprimen y una demanda que se retrae. Pero aun cuando se implementaran millonarios programas de estímulos fiscales y monetarios para impulsar la demanda agregada, la efectividad de esos programas sería limitada en tanto y en cuanto la oferta “siga trabada”, sin capacidad de responder con producción ante un incremento de la demanda de los consumidores.

El dato más impactante de todos lo que se fueron conociendo en los últimos días fue el incremento en las solicitudes de seguros de desempleo por parte de los trabajadores estadounidenses. En tan solo una semana, unos 3,28 millones de personas iniciaron el trámite de solicitud del seguro de desempleo. Es el mayor registro histórico para el país desde que comenzó a elaborarse la serie en 1968, y cuadruplica a los récords anteriores que se dieron en 1982 y 2009. Esto estaría indicando que la tasa de desempleo, que era de 3,4%, se haya disparado en solo una semana a 5,4%. Según analistas estadounidenses en dos o tres meses, la tasa de desempleo podría estar cerca del 10%, el máximo alcanzado durante la peor etapa de la crisis del 2008-2009. Y, según el propio secretario del Tesoro, si el gobierno no hiciera nada, el desempleo alcanzaría al 20%, una cifra inimaginable para Estados Unidos y solo comparable a la peor depresión de su historia, aquella que comenzó con el crack de 1929.

Pero las alarmas no suenan solo en Estados Unidos. La producción industrial de China se contrajo 13,5% interanual en el primer bimestre del año, mientras que las expectativas previas eran de un crecimiento de 1,5%. Es decir que el shock del coronavirus no pudo ser advertido con precisión en las expectativas y sus dimensiones sobrepasaron lo esperable. Es la primera caída industrial que registra China en los últimos 30 años. Para tomar dimensión, durante los meses de la crisis de 2008-2009, el crecimiento industrial de China se desaceleró, pero se mantuvo creciendo a tasas del 5% anual.

La confianza en el sector industrial de Suecia cayó 6% en marzo registrando valores mínimos desde 2013. El índice que mide el “clima de negocios” en Francia, el tercer país europeo más golpeado por la pandemia se derrumbó 10% respecto de febrero. El sector más pesimista de toda la economía francesa es el de los prestadores de servicios.

Tailandia, país que recibe anualmente unos 40 millones de turistas internacionales y que aportan más del 12% de su PBI total, sufrió un hundimiento en la llegada de viajeros del 43% durante febrero en relación al mismo mes del año pasado. El principal país de origen de los turistas es China, y durante el segundo mes del año llegó un 85% menos de chinos como consecuencia de la pandemia. De similar magnitud fue la contracción de la llegada de viajeros a Vietnam en el mes de marzo, con una caída total del 68%, como consecuencia del derrumbe del mercado asiático (-77%), americano y europeo. Los visitantes provenientes de China y Corea del Sur casi desaparecieron durante marzo (-92%). Los efectos sobre el conjunto de la economía ya se hicieron notar, llevando a la tasa de crecimiento del PBI del país a sufrir un recorte del 50% durante el primer trimestre del año en relación al último del año pasado.

La confianza del consumidor en Suecia cayó 9%, hasta el menor registro desde diciembre 2012. La misma caída ocurrió en Italia, país sitiado por la pandemia. El mismo indicador en Corea del Sur se derrumbó en marzo hasta su menor valor en 11 años, quedando a poco de perforar los valores más bajos registrados durante la crisis de Lehman Brother, y acumulando una caída de 25% desde enero. En el caso de Alemania, la pérdida de confianza de los consumidores ha sido mucho más abrupta, contrayéndose un 70% en dos meses y llevando el registro a los valores más bajos desde mayo 2009, en plena crisis financiera.

Las ventas comerciales en el Reino Unido cayeron 3% durante el mes de marzo, bastante menos que el 12% que esperaban los analistas. Sin embargo, se observa que la crisis del Coronavirus ha mermado mucho las ventas de indumentaria, muebles, y otros bienes de consumo típicos, pero han sido compensadas con un crecimiento anormal en la venta de alimentos y bebidas como consecuencia del stockeo por parte de la población. Es esperable que durante abril la contracción sea generalizada.

La oficina de estadísticas de Singapur ha publicado un indicador adelantado de evolución del PBI de la ciudad-Estado durante el primer trimestre del año. El mismo arrojó una contracción del 2,2% interanual para el período enero-marzo frente a la expansión esperada de 1,5%. Este es el primer trimestre contractivo que registra Singapur desde el segundo trimestre de 2009. Si el comportamiento del primer trimestre se repitiera durante el resto del año, la economía asiática se hundiría un 10,6%, es por ello que las autoridades ya han revisado sus proyecciones al rango de entre -1% y -4%. Sin embargo, las proyecciones se mantienen en revisión a la espera de la evolución de la pandemia. Hasta hace un mes atrás, ya desatado el virus, pero sin la extensión que alcanza actualmente, el gobierno de Singapur esperaba que el año oscilara entre un crecimiento de 1,5% o una leve recesión de 0,5%.

Todos estos indicadores dan cuenta del daño que la pandemia está generando en la economía mundial. Y Argentina no está exenta de estos problemas. Si bien es muy difícil estimar con precisión la evolución de la actividad económica, ante un escenario tan incierto, mientras que a principios del año esperábamos una contracción del 2% en la economía local, los efectos nocivos del Coronavirus y las medidas de aislamiento social tomadas por el gobierno nos llevan a revisar nuestra proyección y esperar ahora una caída del 6% anual, lo que sería la mayor contracción económica desde el año 2002. La parálisis económica que está generando la cuarentena casi total decretada por el gobierno se verifica en toda la economía, pero con mayor intensidad en algunos sectores: la duración de las medidas de aislamiento y su rigurosidad determinaran el desenlace final de la actividad en un escenario abierto.

Si bien consideramos que es una medida adecuada para detener el avance del virus, creemos que la misma debería ser complementada con una campaña de testeos masivos como lo están haciendo otros países del mundo. Esta es la única manera de minimizar el costo económico y social de la cuarentena ya que permitiría identificar a las personas infectadas, aislarlas y permitir que el resto de la población pueda volver a sus actividades económicas normales lo antes posible. De lo contrario, la cuarentena deberá durar más tiempo que en otros países y el daño económico se irá incrementando de forma acelerada.

La crisis que está experimentando el mundo es un fenómeno prácticamente desconocido hasta el momento. Todos los programas de estímulos que están anunciando los gobiernos comenzarán a surtir efectos una vez que el problema sanitario esté controlado y la actividad económica pueda volver a funcionar normalmente. Será ahí cuando las inyecciones de dinero, las reducciones de tasas y los estímulos fiscales permitan una recuperación más rápida que la que se daría sin estos programas. Pero la realidad es que, en la situación actual, la política económica tiene poco para hacer más que aportar los recursos necesarios para controlar la expansión del virus.

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