Economía
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Transitando el ajuste externo

2 de noviembre

El sector externo es quizás el frente que está mostrando las noticias más alentadoras en lo que respecta a un posible horizonte de estabilización de la macroeconomía argentina en los próximos meses. Esto es lógico si consideramos que también fue el primer frente en encender las luces de alerta cuando todo el resto de las variables (crecimiento, consumo, inflación, estabilidad cambiaria) transitaban, a la luz de hoy, por un sendero de excesivo optimismo.

A fin de 2017 y comienzos de 2018, el déficit de cuenta corriente escalaba al 5% del PBI y si se toma en cuenta también la formación de activos externos por parte de residentes, la economía requería de un financiamiento mensual de 5.000 millones de dólares para cubrir sus necesidades totales, valor que llegó a los casi 7.000 millones en el mes de mayo.

El salto cambiario, que se fue llevando a cabo en etapas a lo largo de este año, y que parecería haber encontrado un precio de “equilibrio móvil” en los actuales $36-$38 fue la reacción de mercado ante esta desequilibrada situación del sector externo. Al perder el financiamiento, ya no es posible mantener una brecha tan grande entre los dólares que produce el país (vía exportación de bienes y servicios) y los que demanda, y el ajuste consecuente es un salto en el tipo de cambio.

En la teoría un tipo de cambio real más alto como el que tiene hoy la Argentina debería restablecer el equilibrio de la cuenta corriente por una doble vía: incentivando la producción de transables que incrementen las exportaciones del país, al abaratarlas relativamente al resto del mundo, y desincentivando la demanda de bienes desde el exterior, que ahora se vuelven más caros en pesos.

¿Qué está ocurriendo en la realidad? Efectivamente estamos transitando un importante ajuste del desequilibrio externo en estos meses. Sin embargo, el principal driver de ese reajuste hacia un nuevo equilibrio con menor déficit de cuenta corriente es la caída de la demanda de bienes y servicios importados, mientras que el incremento en la oferta de divisas por mayores exportaciones parece ser un proceso que requiera de más tiempo y de condiciones complementarias.

De esta manera podemos verificar que las necesidades netas de dólares mensuales se han reducido significativamente en los meses de agosto y septiembre, proceso que ha continuado intensificándose en octubre y con alta probabilidad en noviembre y diciembre. La demanda neta de dólares que rondaba los 5.000 millones de dólares mensuales promedio se ha contraído en septiembre a 1.800 millones, como consecuencia de un superávit logrado en el intercambio de bienes por 100 millones de dólares, una reducción en el déficit de servicios del 60%, del 30% en el envío de dividendos por parte de empresas multinacionales hacia el exterior y, por último, de 11% interanual en la compra de divisas para atesoramiento.

En el siguiente gráfico se observa el ajuste interanual en la demanda neta de dólares por gastos y cobros de turismo. Mientras que en septiembre del año pasado el país perdió 634 millones de dólares por este concepto, en el corriente año la pérdida se redujo hasta los 265 millones de dólares, siendo el septiembre menos deficitario en este rubro desde 2013.

Este tránsito por el ajuste externo tiene implicancias internas. A diferencia de otros países de la región donde el traslado a precios de una devaluación es significativamente menor, los ajustes de cuenta corrientes por corrección cambiaria en Argentina son significativamente recesivos internamente, al acelerar la inflación y provocar una caída del poder de compra de los ingresos. Es decir que este ajuste, es un ajuste “doloroso” en términos de ingresos reales, actividad económica y empleo. Pero necesario en términos de estabilidad macroeconómica cuando el financiamiento ya no está disponible

Al igual que con el déficit fiscal, los planes originales del gobierno eran poder llevar adelante un proceso de gradual corrección del déficit externo que se daría, supuestamente, por una recuperación de las exportaciones más que por la contracción de las importaciones. En la versión oficial, las mejoras en las regulaciones, la reapertura de mercados, la eliminación de impuestos distorsivos (hoy restablecidos a modo de “emergencia”), la inversión en infraestructura, y la corrección de distorsiones específicas en algunos mercados claves como el energético generaría un aumento de la productividad suficiente como para impulsar un proceso de exportaciones que generarían los dólares genuinos para financiar el aumento de las importaciones.

Sin embargo, este trayecto requería de una cantidad de fondos para financiar el período deficitario muy significativa y que un día dejaron de estar disponibles para el país. Cuando ello ocurrió los planes de corrección gradual fueron descartados por la imposición del propio mercado.

Durante los primeros meses del año, el salario promedio en dólares de los asalariados registrados del sector privado alcanzaba los 1.400 dólares mientras que hoy ese número se ha reducido hasta los 850 dólares. Esta licuación de los ingresos en divisas es justamente lo que genera la corrección del desequilibrio externo. El desafío para los siguientes meses será cómo lograr balancear las demandas sociales, que pugnarán por recuperar el nivel de ingresos en dólares y en pesos contantes perdido, sin generar nuevas presiones sobre el sector externo como la que desembocó en la crisis cambiaria de los últimos meses. Una buena dinámica exportadora ayudaría a relajar este conflicto.

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