Economía
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2018: recesión y mayor desempleo

22 de marzo

La contracción del PBI argentino a lo largo del año pasado alcanzó el 2,5% respecto al nivel de actividad de 2017. Así, el año pasado pasó a representar el quinto año recesivo de los últimos diez en Argentina, un récord que pocos países del mundo deben compartir.

Causas y características de la recesión

La caída de la producción del país tuvo su principal causa en una de las peores sequías que sufrió el sector agroindustrial en las últimas décadas. Con una pérdida de aproximadamente 30 millones de toneladas en granos, el PBI agropecuario experimentó una contracción anual del 15%. En el caso particular de los cultivos agrícolas (los más afectados por el clima) la recesión fue incluso mayor (del 22%), lo que fue levemente compensado por crecimiento en el valor agregado de la ganadería, las actividades madereras y las construcciones agropecuarias, todas ramas que también componen el PBI agropecuario.

De esta manera, solo por el efecto de la sequía el impacto directo sobre el PBI fue de -1,3%. Desde luego, al considerar las ramificaciones de este primer impacto en otras actividades como el transporte, los servicios profesionales, la industria alimenticia, etc. la pérdida total de riqueza explicada por las malas condiciones climáticas representa más de la mitad de la recesión del 2018.

La otra “pata” de la recesión fue la crisis cambiaria que tuvo tres etapas: durante los primeros meses del año, con el dólar pasando del rango de los 18 pesos a los 20 pesos, entre fines de abril y principios de julio cuando la tasa de cambio saltó de 20 a 28 pesos, y finalmente entre fines de agosto y septiembre pasando de 28 a 42 pesos. A medida que la cotización de la divisa se iba incrementando, lo mismo iba ocurriendo con la aceleración inflacionaria. Y consecuentemente, pero en sentido inverso, con el poder adquisitivo de los ingresos en pesos. De esta forma, la caída de los ingresos reales tuvo como consecuencia una contracción del consumo, que a lo largo de todo el año acumuló una caída del 2,4%.

Ambos fenómenos generaron fuertes contracciones de la actividad económica, concentradas principalmente en el segundo trimestre (el momento de la cosecha gruesa) y el cuarto trimestre del año (período en el cual los ingresos reales tocaron piso).

El impacto en el mercado laboral

Como consecuencia de la caída en el nivel de actividad, la tasa de desempleo tuvo un considerable incremento en el último trimestre del 2018, pasando de una tasa de 7,2% en el cuarto trimestre de 2017 a 9,1% en el cuarto del año pasado. Esto representa un aumento de casi dos puntos porcentuales en la tasa de desocupación, a lo que se suma el crecimiento de la tasa de subocupación, es decir, personas que tienen empleo pero que estarían dispuestos a trabajar más horas para incrementar sus ingresos.

El crecimiento del desempleo es una consecuencia directa de la caída de la tasa de empleo, que pasó del 43% de la población al 42,2% entre el cuarto trimestre de 2017 y 2018. Mientras tanto la tasa de actividad se mantuvo constante.

Si bien en las horas previas a la publicación del dato oficial de desempleo por parte del INDEC, muchos medios y algunos analistas vaticinaban una tasa de desempleo de dos dígitos, que eso no haya ocurrido no significa ni que la medición sea incorrecta ni que el dato haya sido menos negativo de lo esperado. Por el contrario, habla más del desconocimiento de la dinámica del mercado laboral por parte de estos comunicadores.

Es notoria la estacionalidad positiva que existe en el cuarto trimestre del año en el mercado laboral. Esto significa que el aumento del desempleo fue importante, aunque la tasa no haya llegado a los dos dígitos. Que esto último no haya ocurrido es más un fenómeno estadístico de estacionalidad que un factor económico. De hecho, es esperable que solo por la ausencia de este factor estacional positivo durante el primer trimestre del año, la tasa de desempleo se incremente hasta el 11,5%, aún sin que haya una mayor destrucción de empleo durante estos tres meses del 2019.

Justamente la presencia de estos factores estadísticos determina que las comparaciones válidas sean solo las de frecuencia interanual, como presentamos en el gráfico expuesto arriba.

¿Qué puede esperarse para 2019?

El desempeño tanto de la economía como del mercado laboral estará muy condicionado al éxito que tenga el gobierno en mantener la estabilidad cambiaria. Si esto se lograra, sumado a factores de oferta como la cosecha récord que está levantando en este momento el campo y un resultado positivo para el oficialismo en las elecciones, cabría esperar una recuperación económica a lo largo de todo el año, llegando a diciembre con una recuperación acumulada de un 5% aproximadamente. Por el contrario, si la incertidumbre política reina y el dólar continúa una escalada más acelerada que la que indica la actualización de las bandas del BCRA, el efecto sobre la inflación mantendría los ingresos reales deprimidos y los factores positivos (principalmente la supercosecha) serían contrarrestados. Una vez más, en la traumática historia de la macroeconomía argentina, parece que la suerte del año dependerá del precio del dólar.

 

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