Economía
FacebookTwitterLinkedIn

¿Son factibles las metas fiscales?

23 de noviembre

A solo un mes de terminar el año, y con los números del Ministerio de Hacienda disponibles hasta el mes de octubre, se puede visualizar con bastante claridad la situación de las cuentas públicas y la evolución que vienen mostrando los distintos componentes.

En los primeros diez meses del año, los ingresos totales a las arcas públicas tuvieron un aumento interanual (respecto a los mismos  diez meses de 2016) del 30,8%. Dentro de ellos, el componente más importante, los ingresos tributarios, tuvo una variación interanual de casi el 30%. La reactivación ya consolidada de la actividad económica, sumada a una mayor fiscalización por parte de la AFIP, generaron un crecimiento de los ingresos por encima de la inflación promedio para el mismo período. Con un alza de precios del 25% para el mismo período, los ingresos fiscales tuvieron un crecimiento en términos reales del 4,7% (3,7% crecieron los ingresos tributarios).

En el mismo período, el gasto total tuvo un incremento del 27,6% interanual, que en términos reales implica un aumento del 2,1%. Es decir que, a grandes rasgos y mirando las cuentas agregadas, el gobierno esta logrando cumplir con lo que le demanda el gradualismo: que los ingresos crezcan por encima de la inflación y a su vez  que lo hagan a un ritmo mayor que el de los gastos. De lo contrario, no sería posible reducir el déficit fiscal en términos del PBI y cumplir con las metas impuestas de cara a lograr el equilibrio fiscal primario (sin tomar en cuenta los intereses) hacia el año 2021.

Para el cierre de este año, la meta indica que el fisco debería cerrar con un déficit primario máximo del 4,2%. Esperamos que esta meta sea sobrecumplida de cara a la buena evolución que están mostrando los recursos tributarios pero fundamentalmente a un error de cálculo respecto al déficit del año pasado. En vista de que el déficit de 2016 fue del 4,3% y no del 4,8% estimado (como consecuencia de una mayor inflación), la base de comparación es más baja y cerrar el 2017 en 4,2% no hubiera requerido ningún esfuerzo interanual. De este modo, esperamos un déficit primario final del 3,8%, aumentando 1,3 puntos porcentuales respecto al 2,5% registrado hasta octubre.

Al hacer una comparación interanual, se observa que respecto al 3,4% PBI que se registraba hacia octubre del año pasado, el déficit primario tuvo una importante reducción de casi 1 punto del PBI. Sin embargo, cuando se analiza el déficit fiscal total, es decir, incluyendo los gastos en concepto de intereses de deuda, el panorama es bastante menos alentador. Mientras que al décimo mes del año pasado el déficit total era del 4,6% del PBI, hoy registra un resultado negativo del 4,2%, reduciéndose en solo 0,4 puntos. El crecimiento de los intereses de la deuda (debido al cambio en el financiamiento del déficit) alcanza tasas de casi el 80% interanual. Es decir que, gran parte de lo que se ahorra en menores gastos primarios, se va en concepto de intereses sin lograr mejorar significativamente el resultado agregado de las cuentas públicas.

El gobierno tiene dos maneras de solucionar este problema. Por un lado, si lograra conseguir financiamiento más barato, el peso de los intereses de la deuda sería menor. Por otro lado, si fuera un poco más rápido con la corrección del déficit primario, independientemente del costo de la deuda, sería menor la cantidad de bonos que debería colocar en el exterior y lograría así detener el crecimiento del peso de los intereses sobre el total del gasto. Ambas cosas, aunque sean vistas por separado, serían factibles si el gobierno pudiera tener un mayor control sobre el gasto primario.

El siguiente gráfico muestra la variación interanual real (es decir, ya descontada la inflación) en los primeros diez meses del año para los distintos componentes del gasto público. El tamaño de las burbujas indica el peso relativo de cada partida sobre el total del gasto.

Se visualiza claramente que el gobierno ha podido avanzar en la corrección de algunos gastos de manera mucho más rápida y efectiva que en otros. Los subsidios económicos, por ejemplo, registran una reducción interanual real de casi el 40% como consecuencia del reordenamiento tarifario llevado a cabo por el ministro Aranguren. Los gastos de capital, que fueron uno de los componentes más dinámicos durante la segunda mitad del 2016 y la primera de 2017 ya muestra una caída real de casi el 4%. En este rubro, los importante ahorros obtenidos por una mayor transparencia y control del gasto permitieron incluso llevar a cabo mayores obras que en años anteriores aunque con un gasto menor, como el caso de las licitaciones de rutas a precios 40% más bajos que en 2015. La reducción de “otros gastos corrientes” se debe en mayor medida a una mayor eficiencia en la administración de las empresas públicas que muestran una reducción de su déficit operativo del 15% real.

Si bien son todos logros importantes, estos tres componentes representan poco menos del 25% del gasto total y no es esperable que puedan continuar mostrando esta tendencia por muchos años más.

Por su parte, las transferencias a las provincias y los gastos de funcionamiento han podido también ser controlados, para que crezcan casi en línea con el crecimiento de la economía, aunque sin mostrar caídas en términos reales. El crecimiento del 43% real en los intereses de la deuda responde, como se mencionó más arriba, al cambio en el financiamiento del déficit necesario para implementar la política antiinflacionaria del Banco Central.

Sin embargo, la partida del gasto más preocupante de cara al futuro es la de las prestaciones sociales. Este componente representa exactamente la mitad de todo el gasto nacional y crece en términos interanuales un 10% por encima de la inflación y, también, por encima de los ingresos tributarios. Dentro de esta partida, el principal componente (el 70% aproximadamente) son las jubilaciones y pensiones que, en lo que va del año, muestran un crecimiento del 13,5% en términos reales. La reparación histórica a los jubilados, la implementación del ingreso universal a la vejez y el diseño de la fórmula de actualización de todas las prestaciones sociales son los factores que están por detrás de este fenomenal crecimiento que pone en jaque (en términos macro-fiscales) todo el esfuerzo de reducción que pueda hacerse en el resto de las erogaciones.

Se requieren reformas estructurales en el diseño del gasto público, principalmente en lo que se refiere a las prestaciones sociales. Solo así será posible el cumplimiento de las metas impuestas por el Ministerio de Hacienda en un contexto en el cuál se busca reducir también (gradualmente) impuestos y en el cuál el crecimiento de la economía no volverá a alcanzar tasas chinas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *